Decrecimiento Feliz
Alberto nos mandó un email en el que nos copiaba una carta (de esas a las que les pones un sello y viajan en furgoneta desde el buzón de Correos hasta el buzón de la casa de tu amigo, enemigo o deudor) de una amiga suya que, al parecer, se mudó al campo hace tres años en busca de una forma diferente de vivir. Ella, que en otros tiempos sería catalogada como una 'hippy', se me antoja que pertenece a un género de personas indispensables y una adelantada a su tiempo. Quizás porque por sus estudios de agronomía y sus inquietudes ecologistas y religiosas está más enterada de los problemas medioambientales que se avecinan y de las desigualdades sociales en el mundo. La clave de su vida, en palabras suyas, "no está en ir a más (ganar más, tener más, desarrollarnos, crecer...) sino en ir a menos (plantearnos qué no necesitamos, de qué cosas, recursos o energía podemos prescindir para no robárselo a otros)". Su visión es más radical que la que abarca el manido término 'desarrollo sostenible' en cuanto a que está dispuesta a renunciar a muchas de las comodidades del mundo occidental a las que nos hemos alienado.
Marina y yo tenemos inquietudes parecidas a las de Mónica, pero en version urbana y 'light': compramos productos de comercio justo y orgánicos, no tenemos coche y vamos a trabajar a patita... aunque todavía no nos resistimos a la tentación de viajar en nuestro tiempo libre usando aviones y más aviones (¿sabéis que las compañías aéreas no pagan ningún tipo de impuesto por el carburante que utilizan?). Y estamos dispuestos a renunciar a eso y a más. Pero que no me quiten mi blog.
